Saber decir que no

Saber decir que no y poner límites son herramientas básicas de comunicación que en ocasiones no aplicamos. Puedes ser una persona que, en general, sepa poner límites a los demás pero puntualmente hayas hecho algo que no querías hacer. O puede que te cueste decir que no en general, de forma sistemática. Este artículo aporta algún consejo para ambos casos.

¿Pero por qué es importante saber decir que no? Es probable que si decimos que sí a todo acabemos haciendo cosas que no nos gustan, o las hagamos mal, o simplemente no tengamos tiempo o ganas de hacerlas. Además, así nos acostumbramos a ignorar nuestras necesidades y ceder ante las de los demás. Estamos tratándonos mal.

Con el tiempo estos procesos pueden derivar en sensaciones desagradables que no sabemos de dónde proceden. Puede que sientas que ya no encajas en tu trabajo o tu relación de pareja. Que las personas de tu entorno no te comprenden o sensaciones similares. Y estas emociones pueden provenir de que no hayas dicho que no cuando debías decirlo.

Vamos a usar el siguiente esquema general para decir que no cuando estemos negociando o nos pidan algo. En los siguientes apartados explicamos cada uno de estos puntos.

Diagrama de decisión para decir que no.

¿Sabemos lo que queremos?

Parece algo trivial pero para saber decir que no debemos saber decir lo que sí queremos. Supón, por ejemplo, que un amigo con el que estás de fiesta de madrugada te pide que te quedes un poco más cuando ve que estás a punto de irte. Puede que no sepas si realmente te apetece quedarse en esa fiesta o no. En este caso lo que tienes es una situación en la que estás indeciso, simplemente. Pero si sabes que no quieres estar en la fiesta porque mañana trabajas y aún así cedes ante la presión de tu amigo entonces el problema es de comunicación, no de indecisión.

Cuando estamos indecisos o no tenemos una opinión formada sobre un tema es fácil persuadirnos, ya que no somos capaces de saber con claridad lo que queremos. Por eso el primer paso para poder comunicar lo que queremos o no queremos hacer es tenerlo claro nosotros mismos.

Pero siempre podrá darse el caso de que aparezca una situación en la que no hayamos pensado con anterioridad sobre lo que queremos. Cuando esto suceda lo mejor es usar alguna de las técnicas que explicaremos al final de artículo.

Cómo conocer nuestros límites

Solo tú puedes saber cuáles son tus límites. Puede que por experiencias pasadas ya tengas más o menos claro las cosas que quieres hacer o no. Pero no siempre podrás conocer tus límites a través de la experiencia. En ocasiones tendrás que usar tu imaginación e inferir qué cosas no querrías hacer.

Por ejemplo, imagina que nunca has ido a la matanza de un cerdo y te invitan a una. Tú no sabes si te gustará o no la situación. Pero eres más o menos consciente de las sensaciones que has tenido en el pasado al ver sangre, vísceras o la muerte de un animal. Así infieres que como estas cosas no te han gustado en el pasado mejor no asistir a este evento.

Ejemplo de saber decir que no en una conversación.
Tener claros tus límites puede marcar la diferencia en una negociación.

Lo ideal sería poder reflexionar en la intimidad estas respuestas para que no te veas bajo la influencia de la persona que te está pidiendo algo. Así decidirás lo que realmente quieres tú, no lo que quieren los demás. Pero claro, reflexionar sobre todas las circunstancias que nos pueden pasar en la vida no es realista. Por eso yo recomendaría empezar por las más habituales que son la relaciones en las que hay vínculos de poder.

En este tipo de relaciones es fácil que por las dinámicas que tengamos aceptemos hacer algo que en realidad no queremos hacer. En las relaciones laborales diremos a nuestros superiores que sí a todo para que no nos despidan. O en nuestras familias diremos que sí porque es la inercia que llevamos desde siempre. Puede que en nuestras parejas nos cueste decir que no por agradar a la otra persona o por miedo a herirla. Por eso es interesante que sobre estos temas nos preguntemos:

  • Trabajo. ¿Estoy dispuesto a hacer cualquier cosa por mi puesto de trabajo? ¿Estoy dispuesto a cobrar cualquier cantidad de dinero por lo que hago? ¿Cómo pueden relacionarse mis valores personales con las necesidades de mi puesto de trabajo? ¿Hay algo que no haría bajo ninguna circunstancia en mi puesto de trabajo?
  • Pareja. ¿Haría cualquier cosa que me pida mi pareja? ¿Estoy conforme con lo que mi pareja me pide que haga en nuestras relaciones sexuales? ¿Siento que mi pareja me presiona en algún sentido de la convivencia? ¿Siento que tengo libertad para expresar lo que siento sin que eso suponga un conflicto?
  • Familia. ¿Qué estoy dispuesto a hacer por mi familia? ¿Estoy cómodo con los comentarios que suelo recibir por su parte? ¿Cuándo estoy con mi familia hay algún comportamiento que detesto pero me he acostumbrado a aguantar?

Al final cada situación es única y puede que te dejes algo sin reflexionar. Pero desde luego dedicar unos momentos a plantearse estas preguntas antes de que sucedan pueden ayudarte a tener claro lo que quieres. No te dejes llevar por lo que la sociedad o la cultura que te rodea espera de ti, piensa tú sobre cuáles son tus necesidades y tus líneas rojas.

¿Qué nos frena a decir que no?

Es posible que una vez que tengamos claro lo que queremos aún así no seamos capaces de decir que no porque algo nos lo está impidiendo. Pueden ser muchos los motivos que nos frenen, en este punto lo mejor es hacer un ejercicio de introspección pero esta vez orientado a pensar por qué me cuesta decir que no.

¿Es este un problema generalizado? ¿O por el contrario solo me cuesta decir que no a ciertas personas? ¿Qué siento cuando digo que no en otros contextos? ¿Qué relación de poder o de necesidades mantengo con mi interlocutor? ¿Cómo me siento cuando digo que no o cuando digo que sí?

En definitiva lo que estamos buscando aquí es el origen de nuestras resistencias a decir que no. Si no te ves capaz de encontrar el motivo pide ayuda a alguien de confianza o a un profesional de la salud mental. Lo esperable es que cuando hagamos este ejercicio encontraremos dos fuentes principales de motivación que nos frena: externa o interna.

Por ejemplo, imagina que te cuesta decir que no porque cuando eras más joven te dijeron que la gente simpática siempre dice que sí a todo. Esa frase se quedó grabada en tu mente pero ahora notas que esa idea te frena a las hora de decir que no. Como esto sería algo interno tuyo el enfoque para cambiar debe ser personal, de introspección. En este sentido sería interesante la ayuda de un psicólogo si no nos vemos capaces de hacer este trabajo sin apoyo.

Ahora imagina que te cuesta decirle que no a tu pareja cuando te ofrece ir de viaje porque la última vez que lo hiciste te echo una bronca. Si accedes a ir a otro viaje que no quieres realizar estás supeditando tus necesidades a las de tu pareja. Aquí lo que te impide decir que no es que tienes un conflicto de pareja que no estás resolviendo. Como este problema es relacional es algo externo a tu persona. Es algo que si quieres resolver necesariamente tendrás que interaccionar con tu entorno de forma diferente.

Técnicas para decir que no

Lo mejor para decir que no es dar un mensaje corto y asertivo. No es necesario que te justifiques en tu respuesta. Tu interlocutor tiene que respetar que no quieras hacer algo, independientemente de tus motivos. Cuando justificamos nuestras respuestas damos pie al diálogo. En una situación normal esto sería algo positivo. Pero cuando tenemos dificultades para defender nuestra negativa es mejor enrocarse. Sobre todo no des pie a la duda o a la interpretación de tu no.1

Imagina que un familiar tuyo quiere que cuides a su perro para que se pueda ir de viaje pero a ti no te apetece. Así que le dices a tu familiar que no tienes claro si es buena idea porque prefieres tranquilidad el fin de semana ya que vas a estar leyendo un libro en casa. Y tu familiar aprovecha tu justificación para decirte que no pasa nada porque su perro es muy tranquilo. Así que te lo encasqueta igualmente.

Además el tono y el estilo comunicativo son muy importantes. Acompaña lo que dices con tu lenguaje no verbal y paraverbal. Di las cosas con seriedad y de forma firme. Para esto lo mejor es ceñirse al estilo de comunicación asertivo. Lo que implica que expresemos nuestra necesidad pero sin ser coercitivos en el proceso.2

En el ejemplo del perro imagina que hubieses respondido: «Lo siento. Comprendo que para ti es importante dejar a tu perro con alguien de confianza. Aún así este fin de semana yo no puedo ayudarte.»

Otro consejo es darte unos momentos para reflexionar la respuesta antes de decir que no. Mostrarás que escuchas a tu interlocutor y que estás empatizando con su situación.

También es importante practicar si no tenemos la costumbre de decir que no. Practica con algún amigo una circunstancia en la que tengas que decir que no. O si no tienes esa opción practica delante del espejo cómo dices la frase.

Técnica del disco rayado

Esta técnica es especialmente útil cuando nuestro interlocutor está insistiendo pese a que ya le hemos dicho que no. Al ser de muy fácil aplicación también puede serte útil si te cuesta tener que pensar en argumentos elaborados para negarte. Consiste en repetir una y otra vez la misma frase de negación.

Por ejemplo, supón que un teleoperador de una compañía telefónica te llama para que contrates un nuevo plan que a ti no te interesa:

Saber decir que no es en ocasiones es complicado.
Existen pocos placeres comparables a decir que no a un teleoperador telefónico.
  • Operador: ¿Entonces desea cambiar a la nueva tarifa y disfrutar de sus ventajas?
  • No, gracias.
  • Operador: ¿Pero no quiere disfrutar de llamadas ilimitadas y del plan de datos?
  • No, gracias.
  • Operador: Pero esta es una oferta excepcional que le hará ahorrar dinero.
  • No, gracias.
  • Operador: ¿Seguro que no quiere esta genial oferta? Puede que en unos días ya no podamos ofrecérsela.
  • No, gracias.

Diciendo siempre la misma respuesta y mostrando un tono firme nuestro interlocutor notará que no vamos a ceder solo porque insista.

Si tienes cualquier duda sobre estos procesos o cualquier tema relacionado con la comunicación puedes dejarla en los comentarios. Y si estás pensando en asistir a un psicólogo puedes contactar conmigo aquí.

Bibliografía

  1. Llado, Enric (2016). Tocar con palabras. Transforma la realidad con el poder de tus palabras. España: Editorial Kolima.
  2. Matás Castillo, Mercedes. (2017). El universo del lenguaje en la mediación. Cerebro para hablar, corazón para escuchar. España: Editorial Círculo Rojo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *