Para entender por qué nos gustan las drogas primero tenemos que entender lo que significa la palabra «droga«. Una droga es un producto químico que puede inducir una conducta adictiva en las personas. Resumiéndolo mucho, una conducta adictiva significa que la persona que toma drogas va a querer tomar más. Cuando además de causar un proceso de adicción la droga produce un efecto placentero al consumirse hablamos de una droga recreativa.1
Pero además hay varias formas por las que las drogas nos causan adicción. La primera es por dependencia física. Esto sucede cuando la droga altera el equilibrio químico de nuestro cerebro de tal forma que nuestras neuronas ya no pueden funcionar de forma normal si no tomamos dosis de esa droga. No tienen por qué ser placenteras. Es lo que sucede por ejemplo con la heroína. Una vez que nuestro cuerpo ha tomado heroína nuestras neuronas necesitan más droga para poder funcionar con normalidad. Es por eso que nuestro cuerpo nos «pide» tomar más.1
La segunda forma de dependencia es más psicológica. Esto suele suceder con las drogas recreativas. Estas drogas suelen consumirse por sus efectos placenteros y por la sensación de recompensa que producen en nuestro cerebro. Este sería el caso de la cocaína. La cocaína modifica nuestro cerebro para que queramos consumirla más. Pero además su consumo produce unos efectos placenteros que son independientes a esa «adicción fisiológica» que también harán que queramos volver a consumirla para sentirnos así de bien.1
También encontramos drogas que tienen estos dos tipos de dependencia entremezclados (la mayoría). A esto hay que sumarle que cada droga tendrá unas características únicas en cada persona. Mientras que podemos tener predisposición genética para que unas drogas nos produzcan mucha adicción es posible que otras drogas a penas nos causen efectos reforzadores o placenteros al consumirlas.1
¿Y por qué generan adicción?
Cuando alguna de nuestras necesidades básicas se satisface el cerebro refuerza lo que acabamos de hacer. Por ejemplo, si tengo hambre y encuentro un delicioso plato preparado en mi frigorífico, el cerebro reforzará la conducta de ir al frigorífico cada vez que tenga hambre. Esto se debe a que nuestros cerebros tienen una especie de «botón», llamado núcleo accumbens, que es la parte encargada de reforzar las cosas que nos ayudan a sobrevivir y satisfacer nuestras necesidades.2

Siempre que el núcleo accumbens se activa lo que acabemos de hacer será reforzado en el cerebro. Esto quiere decir que la conducta que acabamos de realizar, ya sea novedosa o habitual, se imprimirá con más fuerza en nuestros caminos neuronales. Al reforzar esos caminos entre neuronas se hace más fácil volver a recorrerlos en un futuro. Así si tenemos que volver a tomar una decisión nuestro cerebro tiende a elegir la que sea más fácil de recorrer, la más reforzada.2
Pues uno de los efectos que tienen la mayoría de drogas es que, independientemente de si producen sensaciones agradables o no, activan de forma artificial el núcleo accumbens. ¿Esto qué implicaciones tiene?
Volvamos a cuando éramos bebés. Los bebés hacen conductas azarosas constantemente para ver cómo desenvolverse mejor en el mundo que les rodea. Cuando algo que hacen funciona el núcleo accumbens lo refuerza. Por ejemplo comer algo rico que les den sus padres. En cambio si cogen algo del suelo que sabe mal el núcleo accumbens no se activa. En su lugar se activan otros mecanismos que archivarán la conducta de comer del suelo como ineficaz para saciar el hambre. Así el bebé aprende de su relación con el entorno lo que le sienta bien o mal (satisface o no sus necesidades). Conforme crezca esta capacidad de aprendizaje hará que ese bebé pueda convertirse en un adulto funcional.
Pero con las drogas no pasa esto. Una droga puede hacerte daño físico, causarte resaca, dolor, estropear tus relaciones sociales, arruinarte económicamente, etc. Y pese a todos estos perjuicios tu cerebro pensará que la droga es genial, porque es lo que el núcleo accumbens le estará diciendo al activarse de forma artificial. Es aquí donde reside el principio de adicción a las drogas, en que tienen la capacidad de engañar a nuestros sistemas.2
¿Puedo tener un consumo responsable?
Por lo que acabamos de ver creo que la única vez que se puede tener un consumo responsable de las drogas es la primera vez que se consumen. A partir de ese momento las drogas serán las que empiecen a modificar tu cerebro para que quieras consumir más. Es como si en una democracia uno de los partidos falsificase la mayoría de votos para salir elegido. Ese gobierno acabaría tomando las decisiones sin representar las necesidades reales de su pueblo.
Puede que a ti no te haga falta consumir de nuevo o que incluso no hayas disfrutado del efecto de esa droga. Pero va a dar igual, tu cerebro estará cada vez más a favor de volver a consumirla.
Si necesitas asesoramiento o información sobre el consumo de drogas o su abstinencia puedes contactar conmigo aquí.
Bibliografía
- Lorenzo, Pedro; Ladero, José María; Leza, Juan Carlos; Lizasoain, Ignacio. (2009). Drogodependecias. Madrid, España: Editorial Médica Panamericana S.A.
- Carlson, Neil R. . (2010). Fisiología de la conducta, octava edición. Madrid, España: Pearson Educación S.A.

