¿Qué sabemos del tabaco?

Seguro que habéis visto alguna campaña recomendado dejar de fumar tabaco. O vuestro médico puede habéroslo recomendado. Personalmente soy de la opinión de que cada persona es libre de hacer con su vida lo que quiera, siempre que no afecte a los demás. Por eso con el consumo de drogas me gusta tener una posición imparcial. Si te hace feliz consumirlas consúmelas. Pero siempre estando informado sobre los perjuicios sobre nuestra salud y sobre cómo afectan a nuestro cerebro y nuestra mente.

Como vimos en un post anterior las drogas tienen la capacidad de hacer que nos gusten independientemente de si nos aportan beneficios o no. En este sentido el tabaco, o más concretamente la nicotina, es la reina de las drogas. La nicotina activa el núcleo accumbens, que es la parte del cerebro encargada de hacer que repitamos nuestra conducta. Así, cada vez que se fuma, la nicotina modifica el cerebro para que se quiera fumar más.1

El núcleo accumbens haciendo que quieras fumar.

De hecho la nicotina es tan adictiva que la mitad de las personas que se han operado por cáncer de pulmón continúan fumando después de haber sido operados.2 ¿Os parece que estas personas son dueñas de sí mismas o que la nicotina está controlando su conducta?

¿Qué beneficios y perjucios aporta la nicotina?

Para entender por qué consumimos drogas lo mejor suele ser entender qué beneficios nos aportan, si es que los hay. Si no hay beneficios para nuestra calidad de vida entonces tenemos que entender por qué seguimos consumiendo esa sustancia. En el caso de otras drogas, como el alcohol, encontramos que a cambio de afectar a nuestra salud la sustancia nos reporta cierta relajación. El consumo de alcohol se vuelve para la persona una apuesta con costes y beneficios. Si le merecen los costes a cambio del beneficio estará inclinado a consumir alcohol. Pero si los costes son mayores es posible que decida no consumir.

Pues bien, en el caso del tabaco no se ha demostrado que tenga ningún beneficio. ¿Cómo? Pero si todos los fumadores dicen que cuando fuman se relajan y que se concentran más. Pues se ha comprobado que esto es falso.2

Para comprobar si el tabaco tiene algún efecto placentero en el cuerpo se midió qué efectos tenía tanto en personas que fumaban regularmente como en personas que fumaban por primera vez. Los fumadores habituales efectivamente se relajaban al consumir su dosis de tabaco. Pero los que nunca habían fumado no notaban ninguna mejoría ni en relajación, ni en concentración, ni en nada. Lo que este experimento señala es que el tabaco en sí mismo no tranquiliza. Lo que sucede en realidad es que una vez que el tabaco nos ha vuelto dependientes de su consumo no somos capaces de estar tranquilos si no lo consumimos.2

Hojas de tabaco esperando para engañar a tu cerebro.

Por este motivo, cuando hablamos sobre el tabaco, mi consejo es rotundo. Hay que dejar de fumar. El tabaco es un completo engaño. Es una sustancia que como sabemos aumenta mucho el riesgo de padecer cáncer de pulmón, laringe, boca y lengua (entre otros). Además las personas que nos rodean mientras fumamos también se intoxican con el humo. Y lo peor de todo es que no nos aporta ningún beneficio a cambio, ningún tipo de placer más allá de saciar la dependencia. Son todo costes.

Quiero insistir en este punto. Si tomáis otras drogas y os reportan placer es decisión vuestra si queréis tomarlas. Pero en el caso concreto de la nicotina podemos afirmar que si decidís tomarla no es por placer. Es por el efecto de manipulación que tiene sobre vuestro cerebro.

¿Qué hago si quiero dejar de fumar?

Dejar de fumar es un objetivo que requiere mucho compromiso. Actualmente contamos tanto con fármacos que nos ayudan como con terapias psicológicas. Si dejamos de tomar nicotina tendremos un pico de dependencia a la droga, lo que llamamos síndrome de abstinencia a la nicotina. Existen distintos fármacos que simulan la actividad de la nicotina en el núcleo accumbens para engañar al cerebro. Estos fármacos nos ayudan a superar el síndrome de abstinencia sin pasar por los síntomas tan desagradables de ansiedad, irritabilidad, cansancio, apetito, etc.2

Otra alternativa es seguir consumiendo nicotina a través de parches, chicles u otros medios. Pero estamos en las mismas. La dependencia a la nicotina sigue ahí. Simplemente ahora entra a través de otro sitio a nuestro cuerpo.2

Soluciones psicológicas para dejar el tabaco

Al final, usemos fármacos o no, vamos a tener que aprender a tolerar la ansiedad que nos genera la ausencia de la nicotina si queremos dejar de fumar. Psicológicamente tenemos dos enfoques principales. Dejar de fumar de forma progresiva o dejarlo de golpe. Cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes.

Dejarlo progresivamente puede parecer más fácil, ya que el cerebro se acostumbra cada vez a consumir un poquito menos de nicotina. Aunque no siempre es así. Hay personas a las que luego les cuesta dar el paso final de dejarlo por completo una vez que han reducido bastante su consumo.2

En cambio dejar de fumar de golpe puede tener unos días posteriores muy duros a causa del síndrome de abstinencia. Aunque al ser un cambio de todo a nada hay personas que se motivan más al sacar por completo el tabaco de su vida. Estadísticamente esta estrategia es más efectiva cuando se quiere dejar de fumar por completo.2

Cada persona es un mundo. Lo mejor siempre es acudir a un profesional de la salud mental que nos oriente para escoger el mejor tratamiento posible. Si buscáis ayuda podéis preguntar a vuestro médico de cabecera o si estáis pensando en ir al psicólogo podéis contar conmigo.

Bibliografía

  1. Lorenzo, Pedro; Ladero, José María; Leza, Juan Carlos; Lizasoain, Ignacio. (2009). Drogodependecias. Madrid, España: Editorial Médica Panamericana S.A.
  2. Carlson, Neil R. . (2010). Fisiología de la conducta, octava edición. Madrid, España: Pearson Educación S.A.

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