¿Qué son las transacciones interpersonales?
Hoy vamos a hablar sobre el concepto de las transacciones interpersonales. El término viene de una de las corrientes psicológicas conocida como Enfoque Sistémico. Este enfoque se interesa especialmente por el lugar que el sujeto ocupa dentro de su «sistema» o entorno interpersonal. Así, mientras que en otras corrientes estudiaríamos lo que le pasa al individuo en esta estudiaremos cómo el individuo se relaciona con las personas de su entorno.1
Para poder estudiar estas relaciones usaremos una etiqueta que refleje lo que motiva a los individuos a relacionarse. Para que nos entendamos fácilmente, una transacción interpersonal sería lo que recibimos y damos en cada una de las interacciones que tenemos con los demás.1
Por ejemplo, cuando mi panadero me da una barra de pan a cambio de dinero la transacción es bastante clara. Mi panadero pierde un pan y a cambio gana dinero, asumimos que más dinero que el que le ha costado producir el pan. Y yo pierdo un poco de mi dinero a cambio de un pan, que si tuviese que preparar yo me costaría más tiempo de lo que tardo en ganar ese mismo dinero.
Advierto que no voy a ceñirme a toda la teoría sistémica que hay detrás de este concepto. Simplemente quiero traerlo para que reflexionemos sobre nuestro lugar dentro de nuestro entorno y en nuestras relaciones interpersonales.
¿Son todas las transacciones interpersonales iguales?
En el ejemplo anterior hemos escogido un caso en el que ambos perdemos y ganamos cosas pero al acabar los dos quedamos satisfechos. Por eso esta transacción podemos considerarla positiva y seguramente tenderá a mantenerse en el tiempo. En teoría de juegos a esto se le llama ganar-ganar (win-win) ¿qué mejor interacción que una en la que todos ganamos?1
Pero no siempre sucede así. Puede pasar, por ejemplo, que mi vecino deje todos los días los restos de su basura delante de su puerta y a nosotros nos moleste el olor, por lo tanto estamos perdiendo. Motivados por nuestro enfado le gritamos que es un guarro la siguiente vez que le vemos, lo cual a él tampoco le sienta bien. Ambos estamos dándonos un trato desagradable y no estamos ganamos nada. Esto sería lo contrario del ejemplo anterior, una transacción negativa, un caso que normalmente preferimos que no se dé.

Quedaría el caso en el que una de las partes se aprovecha de la otra. Por ejemplo, un día vas andando por la calle y un desconocido te roba la cartera. El desconocido tiene ahora tu dinero y credenciales a un costo que para ti es totalmente negativo.
Aunque las transacciones asimétricas no siempre son tan perjudiciales. Por ejemplo, podemos tener un amigo que solo nos llama para pedirnos favores pero que si luego le pedimos nosotros favores a él también nos los hace. En este ejemplo las transacciones concretas son asimétricas a corto plazo. Pero a largo plazo sí que veríamos un beneficio mutuo.
¿Y esto qué nos aporta en nuestro día a día?
Este concepto, que puede parecer muy sencillo al principio, puede hacerlos cambiar de forma radical nuestras relaciones. Normalmente no nos planteamos qué es lo que nos aportan nuestras relaciones más duraderas.
Por ejemplo, no es habitual que nos planteemos qué nos aportan cada una de nuestras relaciones familiares y en ocasiones esto puede ser aprovechado por algún familiar para sacar beneficio personal.
Aún así puede que estés pensando: ya, pero yo ese proceso ya lo hago de forma subconsciente, sé qué personas me tratan bien y cuales no lo hacen. Y estoy de acuerdo. Nuestro cerebro se ha adaptado a un mundo social en el que hay personas que colaboran con nosotros y otras que no. Pero, como suelo decir: el cerebro es una herramienta que puede fallar.
Si confiamos en que nuestra intuición es suficiente para guiarnos dejaremos la puerta abierta a que algunas personas se aprovechen de esos mecanismos automáticos que no estamos supervisando. Por ejemplo, imaginemos que un día nuestro frutero nos quiera vender alguna fruta que se la va a pasar y que nosotros no le hemos pedido. Aprovechándose de la confianza que tenemos en él nos vende algo que no queremos. En este sencillo ejemplo podemos ver que no todas las decisiones que tomamos son siempre lógicas. Nuestro entorno social se aprovecha de los vínculos que ya tenemos.
De la misma forma que podemos usar el concepto de las transacciones interpersonales para detectar quién se aprovecha de nosotros también nos puede ser útil para recapacitar sobre lo bueno que nos aportan las personas.
Por ejemplo, supongamos que estamos pasando un bache emocional con nuestra pareja. Nos planteamos romper la relación por algún motivo puntual que nos ha hecho daño. Pero en un momento de tranquilidad nos ponemos a reflexionar sobre todo lo que nos aporta esa relación, lo que damos y lo que recibimos. Y consideramos que es apropiado gestionar nuestra emociones con más calma y mantener nuestra relación en lugar de romperla. Ser conscientes de las transacciones que tenemos puede salvar una relación que nos es positiva durante un mal momento. O ayudarnos a romperla cuando consideremos que ya no nos merece la pena el desgaste a cambio de lo que recibimos.
¿Cómo puedo ejercitar este concepto?
Si quieres usar este concepto para mejorar tus relaciones puedes empezar por reflexionar sobre qué ganas y qué pierdes de las cinco personas más cercanas a ti de tu entorno social. O si ya te preocupaba alguna relación personal concreta puedes coger un folio y dividirlo en cinco columnas que sean: transacción (la conducta concreta que queremos estudiar), qué gano yo, qué pierdo yo, qué gana él/ella y qué pierde él/ella. Veréis que cuando son relaciones que han durado mucho en el tiempo esta técnica nos puede ayudar a ganar perspectiva.

La idea es anotar las diferentes transacciones que mantenemos con una persona concreta y una vez que las tengamos reflejadas en el papel realizar un ejercicio de reflexión en el que valoremos todos los pros y contras. Esto nos ayuda a visualizar cuando una relación concreta se está aprovechando de nosotros aunque por otra parte nos reporte beneficios o al revés. Es una forma más estructurada de tomar decisiones sobre nuestras relaciones que puede servirnos cuando sintamos que no estamos tratando con objetividad nuestra situación.
Os dejo un vídeo en el que explico un caso concreto y sus repercusiones. Si os quedan dudas sobre este tema o estáis pensando en contactar con un psicólogo para tratar algún problema relacionado podéis contactarme por aquí.
Bibliografía
- Bermudez, Carmen; Brik, Eduardo. (2010). Terapia familiar sistémica. Aspectos teóricos y aplicaciones prácticas. España: Editorial Síntesis, S.A.

