Seguimos con los artículos para entender una de las formas de mejorar el procesamiento emocional.1 La siguiente fase es la de Análisis Emocional, donde nuestro objetivo será entender por qué estamos teniendo la emoción que acabamos de identificar. Para ello es importante tener claro dos cosas: el contexto en el que se ha dado la emoción y un poco de cultura sobre las emociones.
Evaluar el contexto
Una herramienta que nos puede servir para evaluar el contexto son las «6 W», expresión inglesa para plantearse las preguntas más básicas sobre una circunstancia. Si la aplicamos a un contexto emocional serían algo así:
- ¿Dónde estoy? ¿Cómo me hace sentir este lugar?
- ¿Qué está sucediendo? ¿Qué ha pasado y qué me ha hecho sentir?
- ¿Cuándo ha sucedido? ¿Cómo suelo sentirme a esta hora del día o en estas últimas semanas?
- ¿Con quién o quiénes estoy? ¿Qué me hacen sentir lo que dicen y hacen esas personas?
- ¿Por qué estoy aquí o que hago? ¿Qué emociones me han traído a esta situación?
- ¿Cómo han sucedido las cosas? ¿Mis emociones han fluctuado durante esta circunstancia? ¿Por qué?

La utilidad de estas preguntas es que nos sirvan para empezar a construir una historia, una narrativa emocional. En esta narrativa tenemos que intentar explicar lo que hemos sentido lo mejor posible, un poco como si fuésemos un detective que investiga la escena de un crimen. Tenemos que seguir cada pista y cada rastro con el fin de entendernos lo mejor posible. Si notáis que vuestra narrativa está incompleta o vuestro cuerpo os sigue mandando señales emocionales lo mejor es darle otra vuelta a las preguntas.
Cuando respondamos más o menos a estas preguntas usaremos las respuestas junto con nuestro conocimiento sobre las emociones para terminar de construir nuestra narrativa.
Emociones básicas
A todos nos resultan familiares las emociones y estamos acostumbrados a convivir con ellas. Aunque, puede sucedernos, que en alguna ocasión no entendamos realmente por qué nos está viniendo una emoción concreta o cómo podemos aprovecharla.
Para mejorar nuestra capacidad de análisis vamos a hablar sobre las cinco emociones básicas y comunes a la mayoría de culturas que son: el miedo, la ira, el asco, la alegría y la tristeza.2
Vamos a comentar los usos más generalizados pero tened en cuenta que las emociones son algo mucho más complejo y rico que lo que vamos a resumir aquí. Puede que en alguna ocasión os estén advirtiendo de cosas que no reflejemos, por eso lo mejor siempre será seguir conociendo nuestras emociones a través de nuestra experiencia personal. O, si lo consideramos oportuno, con ayuda profesional.
Asco
La función del asco es quizá la más sencilla de todas. Suele activarse al oler, saborear o ingerir alimentos en mal estado o que sean tóxicos para nuestra salud. También puede activarse ante animales muertos o personas enfermas.
Los signos más llamativos son la alteración del sistema gastrointestinal (sensación de que se cierra el estómago) y evitación del estímulo causante del asco. Con esto nuestro cuerpo está intentando evitar que comamos o nos contagiemos de agentes que considera potencialmente peligrosos para nuestra salud.2
Con el aprendizaje podemos generalizar la emoción del asco y ser capaces de sentirlo solo con ver de lejos un alimento en mal estado. El aprendizaje también ayuda a identificar nuevos posibles focos de enfermedades. Por ejemplo, si haces un curso de higiene alimentaria es posible que entiendas mejor dónde se acumulan más patógenos en tu cocina y eso te haga cogerle asco a esas zonas.
Resumiendo, la utilidad de asco es que no enfermemos.
Ira
La ira puede activarse en circunstancias en las que sintamos que hay algún agente que nos está agrediendo u ofendiendo. También puede activarse cuando nos vemos frustrados en la consecución de objetivo o tarea.
Las hormonas que aumentan principalmente son la noradrenalina y la adrenalina, las cuales moviliza sangre a los músculos y producen esa sensación de calor. Esta sangre nos sirve para movilizar un poco de energía extra a nuestra musculatura. De tal forma que nos está preparando para poder luchar con más fuerzas. También es típico el aumento de la presión sanguínea y mostrar o apretar los dientes, se piensa que como señal de amenaza.2
Y es que la ira no siempre acaba en una respuesta violenta. En ocasiones se queda solo en un comentario o gesto amenazantes, cuya función es advertir a nuestro entorno. Como vemos la utilidad de esta emoción está relacionada con la defensa de nuestros intereses personales, sobre todo ante agentes externos potencialmente amenazantes.
Resumiendo, la utilidad de la ira es que luchemos con fuerza o advirtamos al resto.
Miedo
Cuando algún estímulo de nuestro entorno atenta contra nuestra vida o integridad física podemos tener miedo. No hay una única forma de manifestar el miedo. Cada individuo puede mostrar unos síntomas u otros dependiendo de su personalidad.
Nuestro cuerpo tiene una respuesta al miedo más o menos generalizada a todas las personas que son: aumento de la frecuencia con la que respiramos, sequedad bucal, alteración de la sudoración, tensión muscular, sensación de frío y alteraciones gástricas. En general estos síntomas nos ayudan a preparar el cuerpo para lo que necesitemos; ya sea: huir, escondernos o luchar.2
Cuando el problema nos supera, por ejemplo si un oso nos asalta en un paseo por el bosque, lo normal es huir o quedarse congelado (con la esperanza de que no nos detecte). En cambio si el problema es chiquitito, como por ejemplo una araña, muchas personas transforman ese miedo en luchar con él (por ejemplo pisando a la araña antes de que nos pique).
Resumiendo, la función del miedo es salvar nuestras vidas de un peligro.

Alegría
La alegría suele activarse cuando alcanzamos algún logro o evitamos algún estímulo negativo que esperábamos sufrir. Su activación es aún mayor cuando la meta alcanzada ha sido inesperada.
Los signos de la alegría más llamativos son la sonrisa, que eleva la comisura de los labios, una disminución de la frecuencia cardiaca y una reducción de hormonas del estrés como el cortisol o la adrenalina. Estos procesos hacen que la situación vivida nos resulte agradable y además, con la sonrisa, lo podamos comunicar fácilmente a los demás.2
También parece que la alegría tiene funciones sociales. Cuando estamos alegres es mucho menos probable que iniciemos conductas agresivas o respondamos a ellas. En general se aumentan las respuestas a los demás de: afecto, estima y diversión. Por lo tanto mejoran nuestras relaciones sociales.2
Resumiendo, la alegría nos ayuda a mejorar nuestras relaciones sociales y a disfrutar de nuestros logros.
Tristeza
La tristeza suele activarse al sentir que hemos tenido un fracaso o una pérdida personal. Los cambios más llamativos de la tristeza suelen ser la inactividad y la pérdida de tono muscular. Es por eso que las comisuras de los labios se orientan hacia abajo, como una sonrisa invertida. Hay dos hipótesis principales sobre cuál puede ser la utilidad de la tristeza:
La primera hipótesis es que la tristeza, al traernos un estado de inactividad física, lo que está haciendo es facilitar que destinemos más tiempo y recursos a pensar. Esto puede tener sentido para problemas especialmente complejos, que necesiten de análisis con detenimiento.2
La segunda hipótesis es que sería más una emoción social. Partimos de que la mayoría de seres humanos muestran empatía y la tristeza se experimenta como desagradable. Si estamos tristes y alguien nos ve es probable que a través de empatizar con nosotros le movilicemos a que nos ayude de alguna manera. Resumiendo, sería una emoción destinada a pedir ayuda a los demás cuando algo nos supera.2
Resumiendo, la función de la tristeza es que reflexionemos o que nos ayuden.
Ejemplo
Vamos con un ejemplo sencillo en el que aplicamos lo visto. Supongamos que estando con unos amigos del trabajo en un bar de repente notamos que nos estamos enfadando sin saber muy bien por qué. Como no tenemos muy claro por qué nos estamos sintiendo así en un contexto de ocio nos planteamos las «6W».
- Vemos donde estamos, en un bar que no parece amenazante y en el que el ambiente es relajado. Así que seguramente el lugar no esté relacionado con lo que sentimos.
- Nos preguntamos cuándo hemos empezado a sentirnos así y reflexionamos que desde hace unos minutos aproximadamente.
- Entonces nos preguntamos el cómo se ha desarrollado la emoción y llegamos a la conclusión de que ha sido desde que se ha empezado a hablar sobre uno de los proyectos laborales que estamos dirigiendo. Aunque no han dicho nada malo de nosotros.
- Nos preguntamos quiénes están implicados en la escena y nos percatamos de que al fijamos en uno de los compañeros de la mesa nos hace sentir raro, como si pasase algo.
- Ahora nos planteamos qué pasa y llegamos a la conclusión de que nuestro enfado se concentra en esa persona por algún motivo. Así que, aplicando nuestro conocimiento sobre las emociones, empezamos a sospechar que lo que estamos sintiendo es que esa persona se está interponiendo en nuestro desarrollo dentro de la empresa.
- Nos planteamos por qué tenemos esa reacción y vemos que es una forma de protegernos. Ahora empezamos a recordar momentos del pasado en los que ese compañero ha hecho comentarios similares y nos han molestado pero no hemos dicho nada.
Juntado toda esta información llegamos a la conclusión de que nuestro enfado es fruto de emociones que se han ido acumulando hacia nuestro compañero poco a poco. Que empezamos a verle como una amenaza y el enfado nos está advirtiendo de lo que está pasando.
Este ejemplo es solamente una forma de analizarlo. Dependiendo de tus emociones puede que sientas algo diferente o actuases de otra forma. Solamente quiero señalar que en ocasiones conocer el origen de nuestras emociones ya nos sugiere los planes de acción que podemos tomar. Es cuestión de plantearnos lo que esa emoción nos está queriendo decir y cómo lo queremos afrontar.
Ejercicio de análisis emocional
Pues bien el ejercicio va a consistir en realizar este proceso con emociones que nos resulten conflictivas o complicadas. Con emociones o procesos sencillos estas preguntas nos las planteamos de forma automática y pueden llegar a parecernos triviales.
Si realizaste el ejercicio de nuestro anterior artículo ahora puedes rescatarlo para escoger las emociones que más te cueste explicar por qué sientes. Si no te apetece una alternativa es pensar en la última situación conflictiva emocionalmente que has tenido esta semana y no has podido resolver adecuadamente.
Plantea las preguntas de las 6W, responde con honestidad e intenta ver qué te estaban diciendo las emociones que sentías.
Si tienes interés en conocer mejor tus emociones y sientes que necesitas ayuda profesional para procesar tus emociones puedes contactar conmigo aquí o preguntar cualquier cosa en los comentarios.
Bibliografía
- Hervás, Gonzalo. (2011). Psicopatología de la regulación emocional: el papel de los déficit emocionales en los trastornos clínicos. Psicología conductual. Vol 19, Nº 2, pp.347-372. Madrid
- Palmero, Francisco; Martínez Sánchez, Francisco. (2008). Motivación y emoción. Editorial McGraw Hill, Madrid.

