Introducción
¿Qué es eso de la inteligencia emocional? Podemos entenderla como la habilidad que nos ayuda a tomar las mejores decisiones cuando las emociones forman parte del conflicto. En líneas generales la inteligencia emocional implica que estamos en armonía con nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestras emociones.
Tener inteligencia emocional nos ayuda a sufrir menos en nuestro día a día, a mejorar nuestra motivación, a relacionarnos y trabajar mejor con otras personas y otros muchos beneficios. Pero para poder llegar a disfrutar de esta mejor toma de decisiones primero tenemos que entender cómo la respuesta emocional sucede. De ahí el objeto de este artículo.
También tenemos que tener en cuenta lo mucho que está cambiando el enfoque de las emociones en psicología. Cada vez más investigaciones señalan que las emociones no son algo disfuncional que nos aleja de la razón y de la perfección, como tantos pensadores occidentales nos han dicho. Las personas que viven en armonía con sus emociones tiene mejor calidad de vida y toman mejores decisiones.2
Este proceso se nos puede hacer pesado, sobre todo con las emociones nos traen sensaciones desagradables, como el miedo o la tristeza. Pero a largo plazo el esfuerzo merece la pena. Lo que nos lleva a sufrir es la mala gestión que hacemos de las emociones más que las emociones en sí mismas.1 Así que vamos a comenzar este camino para entendernos mejor.
Hay muchas formar de abordar el desarrollo de la inteligencia emocional. Nosotros vamos a empezar por comprender cómo es procesada una emoción.
El procesamiento emocional
Lo primero que tenemos que tener es una situación que implique algún cambio en nuestro entorno. Por ejemplo si veo que mi madre se ha caído al suelo. Una vez que tenemos una situación nueva o un conflicto pueden pasar dos cosas: que la procesemos desde el instinto o desde un razonamiento más sesudo. En general la evolución ha seleccionado algunos instintos que son muy rápidos e inconscientes para ayudarnos a sobrevivir.
Por ejemplo, si toco sin querer el fuego de la cocina no necesito hacer un razonamiento de nada, mi cuerpo reacciona en un instante retirando la mano sin pensarlo mucho, porque podría quemarme en ese tiempo. Pero en cambio hay otras circunstancias donde se activa una interpretación más mental. Por ejemplo si paso conduciendo por un cruce con poca visibilidad mientras pienso: ¿hay realmente un riesgo de sufrir un accidente? Aquí sí que usaríamos el cerebro para decidir si vienen o no coches potencialmente peligrosos. Es un proceso mucho más lento que los reflejos o instintos, que puede llevarnos varios segundos.
Volviendo al ejemplo de nuestra madre cayéndose. Lo más típico es que tengamos afecto por nuestra madre y nuestra reacción emocional sea ir a ayudarla. Aunque, como decimos, en algunos casos habrá personas cuya relación con su madre les haga interpretar si realmente quieren o no ayudarla. Hagamos lo que hagamos un ser humano típico tendrá una reacción de empatía a la caída. Esto genera una serie de cambios en nuestro organismo que nos impulsará a sentir que de ser nosotros quienes se han caído querríamos que nos ayudasen a levantarnos.

Entramos en la primera etapa del proceso emocional, la Apertura Emocional. Esta sería la capacidad de dejar que esa circunstancia que acaba de suceder nos afecte, nos genere una reacción. Algunas personas no dejan que sus emociones se manifiesten de ninguna manera y acaban teniendo la sensación de que la vida es insípida, triste, pero lo que les pasa es que no se están permitiendo sentir.3
Después pasaríamos a la Atención Emocional. Básicamente el atender esa información que acaba de entrar en nuestro cuerpo. En el ejemplo de nuestra madre cayéndose nuestro cerebro evalúa de forma subconsciente la relevancia y urgencia de la caída. Si, por ejemplo, estuviésemos mucho más preocupados con otros asuntos puede darse el caso en el que no atendiésemos a nuestra madre por tener nuestra atención ocupada en otros sitios.
Seguidamente nuestro cerebro interpretaría qué sensaciones estamos recibiendo y qué nombre debemos ponerle, Etiquetado Emocional. En este ejemplo podríamos sentir pena por nuestra madre, preocupación o incluso dolor en la zona donde se ha golpeado. El proceso de ponerle nombre es muy importante porque es con lo que nuestro cerebro va a trabajar después. Puede parecer algo poco importante pero no vamos a afrontar de la misma forma una emoción etiquetada como «odio» que como «enfado». O «tristeza» y «duelo». Los matices de cada emoción nos permiten entender mejor su naturaleza y regularlas correctamente a largo plazo.
Después de saber qué nos pasa toca el momento de Aceptación Emocional. En la caída materna puede ser que acepte sin ningún problema la caída y me ponga a ayudar o puede ser que mi madre me caiga mal y decida que no voy a sentir empatía por ella, así que aunque mi cuerpo me transmita sensaciones de preocupación mi mente las rechaza, no las acepta. El problema es que si rechazar nuestras emociones se vuelve una costumbre lo más probable es que acabemos viviendo vidas en las que nuestro cuerpo no tenga ni idea de lo que está pasando, que nos sintamos desubicados y puede que hasta vacíos, al haber roto la conexión con nuestras emociones. No hay emociones buenas ni malas, hay que aceptarlas todas tal cual vengan, ya decidiremos qué hacer con esa energía.

Una vez que aceptamos lo que sentimos pasamos al Análisis Emocional. ¿Por qué tengo esta emoción? ¿Qué me está queriendo decir? ¿Qué tengo que hacer? Esta es la fase en la que comprendemos a la emoción y empezamos a tomar decisiones sobre qué vamos a hacer con ella. En el caso de nuestra madre, tras aceptar la preocupación por la caída, podríamos analizar que la preocupación es justificada y que debemos actuar. Podemos decidir que lo mejor va a ser ir a ayudarla a que se levante y preguntarle qué tal se encuentra tras la caída.
Por último llegaríamos a la Regulación Emocional, lo que vamos a hacer para que esa emoción y su causa se vean atendidas lo mejor posible. En el ejemplo de nuestra madre ejecutaríamos la solución que hemos propuesto en la fase anterior de análisis. Puede que al acercarnos y ayudar a nuestra madre el sentimiento de preocupación se disipe. Al tranquilizarnos habremos tenido un proceso general de resolución del problema sano. Se reforzará en nuestra mente la idea de que cuando alguien se cae hay que ayudarle a levantarse y se usará esa información en futuras interpretaciones. En definitiva, estaremos aprendiendo sobre nosotros mismos y las decisiones que tomamos a través de nuestras emociones.
¿Qué hacemos con este modelo?
La idea de entender este modelo es que nos ayude a tomar las mejores decisiones posibles cuando sintamos que las emociones juegan un papel importante. Tenemos que pasar por todos estos pasos de forma más o menos consciente para poder resolver cualquier conflicto emocional. Por eso, poniéndole nombre a cada una de las fases podemos identificar más fácilmente dónde estamos fallando y cómo podemos corregirlo.
En general tenemos que atender nuestras emociones para tomar una decisión de forma «racional» aunque tradicionalmente nos han dicho que no hacía falta. Ojo, como siempre con equilibrio. Habrá momentos en los que las emociones sean muy intensas o nos estén alterando especialmente. En esas circunstancias lo mejor es dejar espacio, dormir un poco si nos es posible (el sueño regula mucho las emociones) y tomar la decisión desde la calma.
En próximas entradas del blog iremos viendo qué se puede hacer para mejorar cada una de estas fases si se nos atascan. Si tenéis cualquier duda podéis preguntar en los comentarios o contactar conmigo aquí.
Bibliografía
- Dalgleish, T., Yiend, J., Schweizer, S. y Dunn, B. D. (2009). Ironic effects of emotion suppression when recounting distressing memories. Emotion, 9, 744-749.
- Gross, J. J. (1999). Emotion regulation: past, present, future. Cognition and Emotion, 13, 551-573.
- Hervás, Gonzalo. (2011). Psicopatología de la regulación emocional: el papel de los déficit emocionales en los trastornos clínicos. Psicología conductual. Vol 19, Nº 2, pp.347-372. Madrid

