Introducción
Siguiendo la serie de artículos sobre el procesamiento emocional hoy vamos a centrarnos en cómo podemos poner nombre a lo que sentimos y después cómo podemos aceptarlo.1 Para aprovechar este artículo al máximo lo mejor es que hayas leído antes cómo escuchar a nuestras emociones.
Etiquetado emocional
La fase de etiquetado emoción es tan simple como ponerle un nombre a las sensaciones que el cuerpo nos está enviando. Ojo, porque puede ser simple pero si no tenemos la costumbre de hacerlo puede resultarnos difícil. En la mayoría de casos existirá una emoción que nos servirá como etiqueta. Pero si no encontráis una única palabra podéis describir los pensamientos o las sensaciones que estáis sintiendo. Lo importante es ponerle palabra. Pero ¿por qué?
Sabemos que para que el cerebro pueda procesar lo que estamos sintiendo necesita ponerle una etiqueta. Pongamos, por ejemplo, que un día te sientes triste porque no has salido a dar un paseo. Pero no le pones palabra, simplemente experimentas la tristeza hasta que se pasa o te vas a dormir. El siguiente día que te sientas triste por no dar un paseo es más difícil que te des cuenta del patrón si no tienes una palabra para poder hacer generalizaciones y sacar conclusiones al respecto.2
Es importante hacer bien este proceso, porque si escogemos mal la etiqueta que describe lo que sentimos estaremos tratando emociones que no son lo que estamos sintiendo en ese momento.
En cambio, si seleccionamos la etiqueta atendiendo a nuestras sensaciones y necesidades, y escogemos palabras adecuadas, nuestro cerebro podrá ponerse a trabajar en los siguientes pasos. ¿Por qué siento esta emoción? ¿Qué me está señalando? Etc.
Si tenéis dificultades para etiquetar vuestras emociones podéis serviros de ayudas como la rueda de las emociones. Esta rueda presenta algunas de las emociones más típicas. En el círculo interior están las emociones más básicas y en los anillos encontramos emociones más o menos relacionadas. Lo mejor para usarla es empezar por el centro, escoger la emoción básica que más se ajusta y ver si somos capaces de buscar etiquetas aún más precisas en los anillos exteriores.

Si mientras usáis la rueda de las emociones sentís que no sabéis bien qué diferencia hay entre una emoción y otra podéis buscar en cualquier diccionario o enciclopedia los matices exactos que representan. Es un trabajo que os ayudará a ganar precisión en el etiquetado de emociones y además os ayudará a conoceros mejor.
Ejercicio de etiquetado
Si os apetece podéis realizar el siguiente ejercicio para trabajar la fase de etiquetado emocional. El objetivo es aumentar la capacidad de reconocer y etiquetar emociones ante distintas situaciones.
A continuación presentamos distintas situaciones. La tarea consiste en describir todas las posibles emociones que podrías estar sintiendo en dichas situaciones. No importa que sean contradictorias. A continuación escribirás lo primero que se te ocurra sobre lo que harías.
Ejemplo: Vas a una tienda y el dependiente te mira de arriba a abajo de forma un poco despectiva. ¿Cómo te podrías sentir? Emociones:
Cabreado/a, indignado/a, amenazado/a, vergüenza, apocado/a, irritado/a, ansioso/a.
¿Y cómo acepto mis emociones?
Una vez que hemos identificado y etiquetado lo que sentimos pasamos a la siguiente fase: la Aceptación Emocional. El principal problema que puede surgirnos es que no queramos aceptar lo que sentimos por algún motivo.

Por ejemplo, puede que me sienta mala persona al alegrarme por la desgracia de un tercero. O puede que me enfade con mi hijo de un año por llorar constantemente. O que sienta ira hasta el punto de imaginarme agrediendo a alguien. Todas estas emociones son válidas. Incluso cuando no están aceptadas socialmente no pasa nada por sentirlas. No sois malas personas, ni estáis locos, ni nada similar por sentir lo que sentís.
Lo que de verdad hace a las emociones útiles o no es lo que haremos con ellas una vez las tengamos identificadas. Por ejemplo, no pasa nada si me enfado porque mi hijo llore, siempre y cuando luego no exprese esa rabia hacia él en forma de violencia. Si mi hijo llora y yo me enfado puede que lo que necesite es descansar, pedir ayuda a un conocido para que pueda estar un rato tranquilo. O, si mi hijo es más mayor, igual tengo que sentarme con él a hablar sobre lo que sentimos ambos.
Como vemos, sentir una emoción y aceptarla no quiere decir que nos dejemos llevar por ella hasta el final. La emoción es simplemente «un mensajero». Nos está diciendo que algo pasa en nuestro entorno y que tenemos que atenderlo. El cómo lo atendemos dependerá de las siguientes fases del procesamiento emocional.
Para poder aceptar nuestras emociones vamos a tener que ser pacientes. Lo mejor es que, si nos es posible, nos tomemos unos momentos para respirar, calmarnos y reflexionar sobre lo que sentimos. Si una emoción se nos está atascando y no somos capaces de identificar por qué lo mejor es pedir ayuda a un psicólogo.
Si estáis pensando en acudir a un profesional de la salud mental por temas relaciones con vuestra emociones os recuerdo que podéis contactar conmigo por aquí.
Bibliografía
- Hervás, Gonzalo. (2011). Psicopatología de la regulación emocional: el papel de los déficit emocionales en los trastornos clínicos. Psicología conductual. Vol 19, Nº 2, pp.347-372. Madrid
- Palmero, Francisco; Martínez Sánchez, Francisco. (2008). Motivación y emoción. Editorial McGraw Hill, Madrid.

