Introducción
Como vimos en nuestro anterior artículo sobre la inteligencia emocional los primeros pasos para procesar nuestras emociones son la Apertura Emocional y la Atención emocional.2 Si conseguimos que estos dos procesos funcionen correctamente podremos decir que somos capaces de escuchar nuestras emociones y continuar con los pasos que nos lleven a procesarlas correctamente.
Primeros pasos del procesamiento emocional
La Apertura Emocional es el primer paso para poder sentir y, en consecuencia, procesar nuestras emociones. Algunas personas han sufrido tanto en el pasado o se han invalidado tanto sus emociones que han aprendido a dejar de sentir para sobrevivir. Este mecanismo puede funcionar a corto plazo pero a largo plazo solo nos lleva a separarnos de lo que sentimos y a dejar nuestras vidas vacías. Sin emociones la vida es como una película en blanco en negro. Con ellas se vuelve una película a todo color.
Las personas que sientan que no están abiertas a las emociones y experiencias de su entorno deben, primero de todo, reflexionar sobre su situación. Hay que preguntarse si nuestra actitud hacia nuestras emociones nos está trayendo felicidad o no. También tenemos que reflexionar sobre nuestra historia personal y el papel que las emociones han jugado en ella. Puede que tengamos algún trauma que nos impida «relajarnos» lo suficiente para poder sentir con normalidad lo que nos trae la vida.
Sintáis lo que sintáis vuestras emociones son válidas. Nadie os puede decir lo que está bien o mal sentir. No se os pueden juzgar. Simplemente sois así. Y punto. Pero esto, que es muy fácil de decir puede ser muy difícil de realizar. Escuchar nuestras emociones, en algunos casos, puede implicar sufrimiento.
La mejor actuación que podemos tomar en estas circunstancias es confiar en nosotros mismos y en nuestro cuerpo. Tenemos que dejar entrar a las emociones y ser atendidas. Si tenemos miedo a lo que podamos sentir podemos buscar entornos seguros donde poder expresar nuestras emociones. Puede ser a solas o en compañía de un familiar o amigo cercano. En los casos en los que sintamos que después de hacer esto la emoción nos desborda o no somos capaces de gestionarlo solos podemos pedir ayuda profesional. Lo importante a largo plazo es encontrar la forma en que podamos expresar nuestras emociones para que nos resulten sanas.
He decidido que voy a sentir ¿Y ahora?
Lo mismo sucede con la Atención Emocional, hay que darle espacio. Una vez que sentimos en nuestro cuerpo las emociones tenemos que escuchar qué nos están diciendo concretamente. Al prestarle atención estamos preparándonos para los siguientes pasos del procesos emocional (el etiquetado).
Pero puede suceder que estemos tan acostumbrados a desatender a nuestro cuerpo que aunque nos esté mandado las señales no sepamos identificarlas o las estemos confundiendo con otras emociones. Para ayudar a clarificar qué emoción estamos sintiendo lo mejor que podemos hacer es reflexionar sobre las sensaciones que tenemos en nuestro cuerpo, nuestro respiración, nuestra sudoración, frecuencia cardiaca, pensamientos, etc. y luego identificar qué papel juegan en cada emoción que sentimos.
Vamos con un ejercicio que puede ayudarnos a reconocer mejor nuestras propias emociones.
El ejercicio
La idea es imprimir la imagen que tenemos con las siluetas en blanco y coger unos lápices de colores o similares.

El ejercicio consiste en imaginar qué sensaciones sentimos en nuestro cuerpo cuando estamos bajo los efectos de cada emoción de las que se señalan. Si notamos, por ejemplo, que cuando tenemos la emoción de enfado se nos cierran los puños y los sentimos como más activados los podemos pintar con colores cálidos (amarillo, naranja, rojo). Por el contrario, si sentimos que se desactivan o bloquean podemos usar colores fríos (azul, violeta). Si pensamos que esa parte del cuerpo no experimenta cambios la coloreamos de negro o gris.
Tenemos que intentar ser lo más precisos posible. Lo mejor es dejar la mente en blanco e intentar recordar cómo hemos sentido nuestro cuerpo la última vez que sentimos esa emoción. Si notáis que solo se activan la punta de los dedos o una parte del rostro o lo que sea coloreadlo de esa forma. En los detalles pequeños puede encontrarse la diferencia entre dos emociones muy diferentes.
También es recomendable no hacer todo el ejercicio el mismo día. Lo mejor sería colorear dos o tres emociones cada vez. Así las primeras emociones que simulamos no nos afectan tanto a la hora de imaginarnos las siguientes.
¿Qué hacemos con esto?
Este ejercicio viene bien para el público en general. Es un ejercicio que no tiene respuestas correctas o incorrectas. El objetivo simplemente es conocernos mejor a nosotros mismos, a nuestro cuerpo y a nuestras emociones. Simplemente estamos atendiendo y aprovechando la información que nuestro cuerpo nos manda.
Como dato curioso, os dejo los resultados de cuales son las sensaciones más generalizadas para cada emoción.1 En general el ser humano nace con una serie de emociones básicas bastante compartidas entre culturas. Estas emociones nos activan físicamente de forma que nuestro cuerpo puede adaptarse a las circunstancias que le rodean de forma más adaptativa.3 No hay que compararse con estos resultados. Puede que, por ejemplo, tú personalmente notes el asco en los pies y los encuestados no. Cada persona puede sentir de forma diferente sus emociones. Pero sí que es importante saber identificarlas y diferenciarlas.

Si sentís un especial bloqueo emocional al exponeros a estos procesos es recomendable buscar ayuda profesional. Ya sabéis que podéis contactar conmigo por aquí si os apetece que trabajemos juntos.
Bibliografía
- Nummenmaa, Lauri & Glerean, Enrico & Hari, Riitta & Hietanen, Jari. (2013). Bodily maps of emotions. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America. 111. DOI: 10.1073/pnas.1321664111.
- Hervás, Gonzalo. (2011). Psicopatología de la regulación emocional: el papel de los déficit emocionales en los trastornos clínicos. Psicología conductual. Vol 19, Nº 2, pp.347-372. Madrid.
- Palmero, Francisco; Martínez Sánchez, Francisco. (2008). Motivación y emoción. Editorial McGraw Hill, Madrid.


¡Me ha encantado! Y el ejercicio me parece super útil e interesante 🙂