¿Por qué importa el perdón?
Todo el mundo comete equivocaciones. Seguramente incluso tú. En ocasiones puede que hagamos daño sin pretenderlo a personas de nuestro entorno. Puede que incluso sean personas que nos importan. Y es que si queremos convivir de forma sana con la gente que nos rodea tenemos que aceptar que nos equivocamos. Es aquí donde pedir perdón puede jugar un papel importante en nuestras relaciones. Vamos a hablar del perdón independientemente del daño causado. Así que cuando digamos «daño» puede ir desde romper un plato hasta delitos.2
Pedir perdón ayuda a la persona que ha sufrido por nuestros actos. Las personas a las que se les ha pedido perdón tienden a tener menos secuelas emocionales negativas por lo sucedido. Además aumentan su empatía por la situación de la persona que les ha dañado. Se sienten más seguros después de lo sucedido si tienen que interactuar con él o compartir espacios. Y no solo hay ventajas para quien ha sufrido. Las personas causantes del conflicto también sienten más empatía y tienden a reincidir menos en sus conductas si se disculpan.3
En resumidas cuentas, pedir perdón ayuda a todas las personas implicadas a restaurar el daño cometido y a sentirse mejor entre ellas.
Este artículo puede servirte si quieres mejorar la forma en la que pides perdón o hay algo en el proceso de pedir perdón que no terminas de entender o aceptar.
¿Cómo pedimos perdón?
Vamos a repasar cuáles deberían ser los principales puntos de nuestra comunicación cuando pedimos perdón si queremos hacerlo de forma óptima:
- Contenido. ¿Qué debo decir al disculparme? Lo más importante es que reconozcas a la otra persona el daño que le has causado. Asume la responsabilidad y habla con honestidad sobre lo sucedido. Pide perdón y muestra intención de reparar el daño cuando esto sea posible. Muestra arrepentimiento.1
- Aspectos formales. ¿Cómo debo pedir perdón? No uses el momento de pedir perdón como una excusa para justificar tus actos. Intenta narrar lo sucedido pero sin mostrarte a la defensiva. Habla desde la asertividad, intenta usar alguna de sus técnicas, como los mensajes yo.1
- Componente emocional. ¿Qué debo compartir? Mientras cuentes tu relato tienes que expresar cómo te sentías y cómo tus emociones te llevaron a actuar de esa forma. Esto permite a tu oyente entender por qué actuaste así. Es un paso para facilitar la comprensión y la empatía mutua. Tu oyente tiene que sentir que te preocupa cómo le ha afectado lo sucedido.1
- Compromiso futuro. Muestra intención de cambio. Haz saber a la otra persona cómo la experiencia que acabas de pasar te ha servido para aprender de tus errores. Explica cómo te gustaría actuar en el futuro para que sientan que no quieres repetir más lo sucedido. Así ayudas a la persona dañada a cerrar su herida.1

Ejemplos
Vamos a ver algunos ejemplos para asentar esta información:
- Contenido. Imagina que has sido infiel en tu relación de pareja y dices: «A ver, sé que lo que he hecho no está bien pero tú sabías que esto podía pasar.» No estamos reconociendo el daño causado, ni pidiendo perdón, ni mostrando arrepentimiento. Si en cambio decimos: «Siento lo sucedido. Sé que por culpa de mis actos te he hecho daño y he abusado de tu confianza. Me gustaría que lo hablemos para ver qué podemos hacer ahora.» Estamos reconociendo nuestro error, asumiendo responsabilidades y pidiendo perdón.
- Aspectos formales. Si acabo de romper una escultura que era de un amigo no debo decir: «Es que si no hubieses puesto la escultura en medio del pasillo yo no me habría chocado con ella.» Estamos echando la culpa a la otra persona. Si en cambio digo: «Siento haber chocado con tu escultura y haberla roto. Lo cierto es que no me di cuenta de que estaba ahí hasta que fue demasiado tarde.» En esta frase estamos siendo asertivos con lo que ha sucedido, describiendo los hechos y nuestros actos sin justificarlos.
- Componente emocional. Imagina que has robado en una tienda para poder comer. El dependiente te pilla y tú te disculpas diciendo: «Lo siento, es que no tengo dinero.» Si bien es una explicación no permite realmente a tu oyente entender por qué has llegado a hacerlo. Si en cambio dices: «Lo siento, no tengo dinero y no he comido nada desde hace dos días. Ya no podía aguantar más el hambre y no se me ha ocurrido otra solución.» En esta segunda frase es mucho más fácil que entiendan nuestros motivos y que empaticen con nuestros actos.
- Compromiso futuro. Imaginemos que sufrimos un accidente de tráfico estando bajo los efectos del alcohol en el que nos chocamos contra otro coche pero sin heridos. Cuando nos disculpamos por haber bebido con el otro conductor decimos: «La próxima vez que beba conduciré más despacito, tranquilo.» No estamos comprometiéndonos con cambiar nuestra conducta. Para que la persona dañada de verdad pueda perdonarnos tiene que sentir que vamos a prevenir por completo nuestra conducta: «Me doy cuenta de que no debería haber bebido si luego tenía que conducir. Ahora veo todo el daño que podría haber hecho. La próxima vez no beberé o, si lo hago, pediré un taxi.»
Consejos generales
Además de los puntos anteriores conviene saber algunas cosas sobre el proceso de pedir perdón.
La espontaneidad a la hora de pedir perdón es mejor percibida que la planificación. Esto no quiere decir que no podemos organizar nuestro discurso antes de pedir perdón. Ordenar nuestras ideas y aclarar qué hemos sentido puede ayudarnos a expresarnos mejor. Pero no convirtamos el momento de pedir perdón en la lectura de un texto prefijado. Sed naturales. Hablad desde cómo os sentís con lo ocurrido y fluid desde ahí, como si fuese una conversación.1
También es muy importante nuestra actitud. Nuestro oyente es sensible a lo que decimos y no sirve forzar el proceso de pedirle perdón. Si no estamos realmente arrepentidos o pensamos que pedir perdón no sirve de nada no es conveniente pedir perdón. En este caso si nos preocupan igualmente los sentimientos de la otra persona lo mejor sería preguntarle porqué se siente así, si es que está dispuesta a decírnoslo. Si sentimos que no somos capaces de realizar este proceso por algún motivo lo mejor es pedir ayuda. Puede que algo nos esté impidiendo pedir perdón por nuestra personalidad o aprendizaje.1
¿Y cómo nos dan el perdón?
Ponernos en el lugar de la persona que da el perdón también puede ayudarnos a entender este proceso. Puede que las heridas causadas por nuestros actos sean todavía muy recientes y la persona no esté preparada para perdonarnos.
Aún así, solicitando su perdón, damos muestras de nuestro interés por restaurar el daño cometido. De esta forma la otra persona tiene un pequeño impulso extra para poder sanar. Pero hay que respetar sus tiempos o incluso su negativa a perdonarnos.2
Por eso es muy importante cómo cerramos nuestra disculpa. Es mejor evitar frases que presionen a nuestro oyente a perdonarnos. Por ejemplo: Querría que me perdones lo antes posible porque no aguanto verte así. Esta frase carga con una presión que no se merece a la otra persona. Mucho mejor usar fórmulas que le dejen su espacio. Por ejemplo: Si en algún momento llegas a poder perdonarme agradecería saberlo. No podemos usar nuestra petición de perdón para buscar liberarnos de nuestra culpabilidad sin tener en cuenta las emociones de los demás.2
Lo mismo aplica cuando tengamos que perdonar. No tengáis prisa por dar el perdón si todavía no sentís el daño restaurado. Tomaos vuestro tiempo. Podéis decir que reflexionaréis sobre lo ocurrido y cómo os hace sentir. En cuanto tengamos una respuesta o algo que decir al respecto lo compartiremos con la persona que nos ha hecho ese daño. Pero no deis un perdón que no sentís de verdad.
Si tienes dificultades en este proceso o tienes alguna duda puedes preguntar en los comentarios o contactar conmigo aquí si estás pensando en asistir a terapia.
Bibliografía
- Capecci, V. y del Moral Arroyo, G. (2021). Elementos de carta de perdón en el ámbito de la justicia restaurativa. Revista de Mediación, 14 (2), e4.
- Matás Castillo, Mercedes. (2017) El universo del lenguaje en la mediación. Cerebro para hablar, corazón para escuchar. España: Editorial Círculo Rojo.
- Umbreit, M. S., Coates, R. B., y Roberts, A. W. (2000). The impact of victim-offender mediation: A cross-national perspective. Mediation Quarterly, 17(3), 215–229. DOI:10.1002/crq.3900170303

