A menudo algunas personas tienen miedo a ir al psicólogo. Son más o menos conscientes de su problemática pero diferentes motivos no encuentran la motivación para ir. En este post vamos a ver algunos de los miedos más comunes y lo que podemos hacer con ellos, pero si tenéis alguna inquietud que no queda reflejada no dudéis en preguntar.
¿Si voy al psicólogo es porque estoy loco?
Ya de entrada el término loco es una palabra muy general que no nos dice nada sobre el estado mental de una persona. El motivo principal por el que se va al psicólogo es porque se está sufriendo en algún área de nuestra vida. Destacan las personas que vienen con ansiedad/estrés o sintiéndose deprimidas.
A mí, personalmente, no me gusta tratar a los clientes como enfermos, en ningún sentido. Prefiero ver a la persona como un producto de sus circunstancias y su contexto. Cada cual ha sobrevivido a su propia historia como ha podido y no me parece justo etiquetar a las personas con patologías mentales. No aporta nada más que una excusa para justificar todos nuestros problemas a través de esas etiquetas y así estancarnos en ellos.
Yo prefiero estudiar los procesos que hacen que mis clientes mantengan en su vida las fuentes que les causan sufrimiento. Desde ese diálogo es mucho más constructivo trabajar para mejorar.
Solución
Así que yo os recomiendo que este miedo, que es tan cultural, lo ignoréis en la medida en la que podáis. Aceptad que está ahí y punto, pero no le deis importancia. Sea cual sea vuestro estado de salud mental seguro que podéis cambiarlo a mejor.
Es como si después de rompernos una pierna no fuésemos al médico a escayolarla por miedo a sentirnos cojos. Precisamente la escayola es lo que nos permitirá volver a andar de la forma en la que antes habíamos podido. De forma análoga el psicólogo es el profesional que nos ayuda a recuperar la salud mental que nos acaba dando calidad de vida.
No me gusta la idea de hablar de mis problemas con un desconocido
Hay personas a las que les cuesta especialmente abrirse emocionalmente delante de alguien que no conocen. Esto es un miedo totalmente normal y esperable. Este miedo puede volverse problemático cuando sentimos que nos está impidiendo ir a un profesional que nos ayude.
Solución
Para esto lo mejor es encontrar un psicólogo/a con el que nos sintamos a gusto y en un entorno seguro. Con el tiempo, como es esperable, iremos cogiendo confianza y esta sensación no será tan molesta. Pero ¿cómo saber cuál de todos los psicólogos es el correcto? Lo más fácil a este sentido es preguntar a nuestros conocidos si van a un psicólogo que les dé confianza, su criterio puede ayudarnos a ahorrarnos tiempo yendo de psicólogo en psicólogo. Pero cuando esto no sea posible podemos revisar las redes sociales de ese terapeuta para ver si nos gusta su estilo de terapia, si nos transmite confianza, etc.

¿Si el psicólogo se preocupa por mí por qué me hace pagar?
En España tenemos la suerte de contar con un sistema público de salud. Esto nos tiene acostumbrados a ir al médico y tener la sensación de que todo el proceso es gratis. Podemos tener la sensación de que el médico está ahí solamente porque quiere mejorar nuestra salud. Pero esto no es del todo cierto. Ese médico recibe su sueldo del Estado, que a su vez se financia de nuestros impuestos. Estamos pagando de forma indirecta a nuestro médico.
De la misma forma el psicólogo se encarga de atender nuestra salud mental de forma profesional. Esto tiene muchas ventajas. La primera y más importante es la formación. El psicólogo estudia durante toda su carrera profesional cómo funciona el cerebro y la mente humana y está constantemente implementando nuevas técnicas a su terapia.
Además, el hecho de pagar a una persona para que nos atienda hace que la relación sea muy diferente a la de un amigo o un familiar. El psicólogo no forma parte de nuestros problemas, de forma que tiene mucho más fácil la tarea de ayudarnos desde una posición imparcial, sin buscar beneficios secundarios.
También no se cansa de escuchar nuestros problema como lo haría un conocido, al que podemos acabar alejando de nosotros si solo le compartimos las cosas malas de nuestra vida. Es por todas estas ventajas por lo que ir al psicólogo pagando puede sernos interesante.
Solución
Aceptemos que asistir a un profesional de la salud tiene un coste. A cambio de ese coste tendremos los beneficios anteriormente expuestos.
¿Y si me derrumbo emocionalmente?
Algunas personas tienen especial miedo a mostrarse débiles o a derrumbarse delante del psicólogo. Esto es algo que puede ir desde un problema leve, que con el tiempo se soluciona, hasta el extremo de ser el foco principal de la terapia. En todos los casos lo mejor sería informar de estos sentimientos a nuestro psicólogo para que podamos acordar juntos cómo enfocar este problema.
Hay que tener en cuenta que parte de la terapia consiste precisamente en que os sintáis a gusto cuando habláis de vuestro problemas. Deberíais sentir que el espacio es adecuado y seguro y que vuestro terapeuta os apoyará y entenderá cuando os mostréis vulnerables.
Solución
En este sentido sí que recomendaría no intentar controlar este proceso emocional de forma consciente. Si nos obsesionamos con mantenernos emocionalmente firmes seguramente sea incompatible con mostrar lo que sentimos y con ser permeables emocionalmente a lo que nos diga nuestro psicólogo. Lo mejor es, como digo, expresar y compartir nuestras inquietudes, dejando que el proceso fluya de forma natural en la consulta.
¿Y si me muestro como soy y me rechaza?
Otras personas sienten especial miedo a mostrarse tal y como son. A veces pensamos que nuestro verdadero yo no va a gustarle al psicólogo y que tendremos rechazo por su parte. Este miedo es normal cuando nos desenvolvemos en nuestra vida cotidiana. Pero cuando vamos al psicólogo tenemos que tener en cuenta que no estamos yendo a hacer amigos ni a aumentar nuestras redes sociales. No tenemos que aparentar lo que no somos para caerle bien, porque nuestro trato es meramente profesional.
Esto además se junta con que a veces nuestros problemas emocionales están relacionados con que no expresamos lo que sentimos o pensamos realmente. Por lo que si le facilitamos al psicólogo el acceso a nuestros pensamientos y sentimientos más profundos estaremos facilitando tanto un mejor diagnóstico y evaluación como un mejor tratamiento.
Pensad que si el psicólogo no tiene acceso a toda esa información acabaremos tratando nuestros problemas de forma superficial y sentiremos que la terapia no merece la pena, cuando lo que en realidad estará pasando es que no estamos atendiendo el foco real de nuestros problemas.
Solución
En la actualidad los psicólogos estamos concienciados con que hay que ser imparciales con los clientes. Está prohibido discriminar por motivos de raza, sexo, religión, orientación sexual, etc. a nuestros clientes.
De todas formas somos personas y algunos psicólogos no serán capaces de atender ciertos problemas porque les resulten especialmente opuestos a sus valores personales o por cualquier otro motivo. En ese caso es el psicólogo quien tiene la obligación legal de informar al paciente de que esto está sucediendo y de recomendarle que asista a otro terapeuta.
¿Y si mi entorno me discrimina?
También puede darse el caso de que tengamos miedo a que nuestros conocidos nos estigmaticen por ir al psicólogo. Esto dependerá mucho de nuestro entorno social. Por desgracia muchas personas ven ir al psicólogo como una muestra de debilidad mental. Es una pena, porque con esa actitud nos están dificultando reconocer nuestras circunstancias y poder ponernos a trabajar en ellas para mejorar nuestra calidad de vida. Esas personas están promoviendo que patologicemos nuestra situación, sin pretenderlo.
De todas formas a este respecto existe un compromiso enorme por mantener la privacidad de los pacientes por parte del psicólogo. Tanto los Colegios de Psicólogos como la Unión Europea tienen normativas que regulan como almacenar, procesar y proteger los datos de sus clientes para facilitar que su entorno no use esta información en su contra y se facilite un espacio terapéutico seguro.

Solución
Si os preocupa especialmente este tema podéis informaros sobre las normas que tiene que seguir el psicólogo a la hora de tratarnos en el Código Deontológico o sobre cómo debe mantenerse la privacidad en el Reglamento General de Protección de Datos. Pero en resumen, las únicas personas que van saber que estamos recibiendo terapia son el propio psicólogo y los trabajadores que le apoyan en su labor, como secretarios.
Siempre se nos debe informar de quiénes son esas personas y el psicólogo tiene prohibido hablar de nosotros con nadie, ni siquiera con otros psicólogos, si no es con nuestro consentimiento previo.
¿Y si tengo que ir de por vida?
Salvo casos especialmente graves, al psicólogo debemos asistir de forma puntual. Es verdad que algunos tratamientos pueden extenderse varios meses, depende mucho de cual sea nuestra situación.
De todas formas y como norma orientativa, si a los seis meses de tratamiento no hemos notado ningún tipo de mejoría en al menos una de las áreas vitales que nos preocupan deberíamos comentárselo a nuestro psicólogo o plantearnos si realmente el enfoque que está siguiendo es el adecuado para nosotros.
Solución
Si pasado ese tiempo seguís dudando podéis consultar con otro psicólogo diferente, resumiéndole vuestro caso. Podréis preguntarle si los tiempos que estamos teniendo son los normales o no y apoyarnos en su opinión para tomar la decisión de si seguir con nuestro psicólogo o cambiar a otro. Y tened mucho cuidado con esto, que no os engañen. Si lleváis años yendo al mismo psicólogo sin notar mejoría y pese a vuestras quejas no cambia su enfoque terapéutico id a otro profesional sin dudarlo.
¿Y si el psicólogo me obliga a cambiar cosas que no quiero cambiar?
Si sentís que vuestro psicólogo os está forzando a hacer cambios en vuestra vida que no queréis lo mejor es expresarle lo que sentís. Nunca deben forzaros a realizar cambios no pedidos. Lo adecuado es que siempre se negocie previamente sobre qué conductas problemáticas vamos a ir trabajando con la ayuda de nuestro terapeuta. Esto debe ser siempre un proceso consensuado entre los dos y tenemos que sentirnos cómodos en este sentido.
Solución
Si tras expresarle vuestras inquietudes a vuestro psicólogo todavía sentís que os está forzando lo mejor es que cambiéis o otro.
Si os queda alguna inquietud tras leer el artículo podéis compartirla en los comentarios. Y si os estáis planteando asistir a un psicólogo podéis contactar conmigo aquí.

